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El poder de la fe en la cura cármica
(artículo de Moacir Sader SJ – marzo-2007)
<<Traducción y adaptación: Profesora Luci Meire Jacó da Silva>>

 

La palabra “fe” se presenta en todas las religiones y se destaca en la Biblia en innúmeros pasajes. Sólo en el Nuevo Testamento la encontramos en alrededor de 227 versículos, como algo importante a ser vivido.

A mí me llama la atención la forma especial con que Jesús utiliza el poder de la fe como instrumento para curar, y aún teniendo el poder más que suficiente de realizar los milagros solo, Él elige utilizar la fe de quien le hace el pedido, demostrando ser ese el camino necesario en el proceso de la cura.

Hay un pasaje de Jesús muy especial para mí, porque se asemeja a un milagro realizado por Él que yo pude atestiguar a través de un viaje astral a Jerusalén. Es este pasaje, en que Mateo nos cuenta la cura de Jesús  al siervo del centurión:

Habiendo entrado Jesús en Cafarnaum, se le acercó un centurión  suplicándole: “Señor, mi siervo yace paralítico en casa atormentado terriblemente”. Le dijo Jesús: “Yo iré a curarlo”. Respondió el centurión: “Señor, no soy digno que entres bajo mi techo, dilo sólo de palabra, y quedará curado mi siervo. Porque siendo yo un hombre sujeto al mando, tengo bajo mis órdenes soldados, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y al otro: ‘Ven’, y viene, y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace”. Al oírlo Jesús, se admiró y dijo a los que lo seguían: “En verdad os digo que en ninguno de Israel encontré tanta fe”. (Mateo,Cp.8,Vs.5/10)

El centurión, al hablar de la seguridad que tenía  de que sus soldados obedecerían a sus órdenes, estaba declarando de igual forma, su confianza total al poder de Jesús en curar a su siervo, lo que llevó a Jesús tanto a realizar la cura, como además a alabarlo, diciendo no haber encontrado, ni mismo en Jerusalén,  alguien con tanta fe.

En el milagro de Jesús acompañado por mí en un viaje astral, también un centurión busca por Jesús para pedirle la cura de su hijo, que ya había sido desahuciado por los médicos. Sin embargo, al encontrarlo, no tuvo el coraje para hacerle el pedido y, apenas de forma humilde  le pide sostenerle la mano a Jesús. Conociendo su pensamiento, y viendo su fe, Jesús en el momento en que le tocó la mano, le dijo: “su pedido fue atendido”. Siendo así, su hijo a pesar de la distancia, fue curado.

Siempre me acuerdo haber acompañado ese milagro en regresión astral, viendo la alegría con que Jesús curaba a las personas, y me emociona esta dádiva que me fue concedida. Esa experiencia me puso en alerta para el poder de la fe, y cómo ella puede y debe ser manifestada.

 Observe que en el caso del centurión de la Biblia , la fe fue claramente demostrada y hablada, pero en la situación del otro centurión ninguna palabra fue proferida, pero sí pensada y sentida verdaderamente. Eso fue lo suficiente para que Jesús captase su pedido. En su pensamiento, el centurión que deseó la cura para su hijo, tenía sin sombra a dudas, muy viva su fe, y por eso logró realizar su deseo a través de la cura hecha por Jesús.

Cuando hacemos algún pedido a Dios, debemos accionar de la misma forma que los dos centuriones lo hicieron: con palabras de creencia, con una certeza absoluta, y además, con pensamientos siempre convictos de que nuestro pedido será atendido, incluso ya haciendo los agradecimientos de antemano.

Debemos luchar contra los malos pensamientos que intentan venir a nuestras mentes, que son frutos de los condicionamientos y de los miedos acumulados desde la infancia, o incluso de las vidas pasadas. Es preciso trabar una lucha constante con nuestra mente, para alejar todo y cualquier pensamiento que sea contrario a nuestra verdadera creencia. Como en una guardia mental, no permitir ni un pensamiento discordante siquiera.

Esa postura es el camino para vivir la fe en su sentido práctico y alcanzar el resultado pretendido. En sus propias palabras, en dos pasajes Bíblicos, Jesús ratifica esta visión cuando nos dice:

En verdad os digo que si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a este monte: ‘Vete de aquí para allá’, y se trasladaría; nada os sería imposible. (...) En verdad os digo que, si tuvierais fe y no dudaros, no sólo haréis lo que fue hecho a la higuera, pero más aún, si a este monte deciros: Írguete y lánzate al mar, eso será hecho. (Mateo, Cp. 17, Vs. 20/21)

Si tuviereis una fe tan grande como un grano de mostaza, y dijereis a este sicomoro: ‘Arráncate y trasplántate al mar’, él os obedecería”. (Lucas, Cp. 17, Vs. 6)

Entonces, Jesús está diciéndonos que además de ser necesario tener fe cuando hacemos nuestros pedidos, es fundamental también, que no tengamos dudas sobre ello. Mi conclusión es que no podemos dudar en palabras y ni tampoco en pensamientos, si queremos lograr que nuestro pedido tan anhelado sea plenamente concedido.

Tal como hice referencia en el artículo: “Transformación cuántica del pensamiento” , apoyando esta idea, la física cuántica ha probado que el pensamiento, bien como el sentimiento, cuando direccionados al objetivo pretendido, cuando trabajados positivamente de forma constante y con una creencia plena, proporcionan la atracción  de lo que se desea, pero teniéndose en cuenta que éste finalmente se realiza con  un tiempo y rapidez proporcional a la intensidad de la fe utilizada, vía pensamientos y sentimientos positivos.

Teniendo esa perspectiva y además ratificando las afirmaciones de la física cuántica, me acuerdo de una historia vivida por el autor Anthony Norvell y que fue contada por él en su libro “El poder de las fuerzas ocultas”: En un viaje que hizo en un transatlántico, desde Grecia hasta los Estados Unidos, le llamó la atención que, todas las mañanas,  caminaba por la cubierta cantando bajito algunas frases, un hombre ágil, de pelos canosos pero con una postura erecta y firmeza propias de quien no posee  más que 35 años. Para su espanto, cierto día al preguntarle al hombre sobre el secreto de su vigor jovial, se enteró que el hombre en realidad tenía ya sus noventa años, pero que se sentía con unos cuarenta nomás.

Este hombre le dijo a Norvell que a los cuarenta años estuvo en India, y allí había conocido a un místico que le enseñó que “Todo el secreto de la vida se encuentra en dos actitudes: respiración rítmica e invocación oculta”. A partir de entonces, el hombre pasó a caminar de forma rítmica, cantando y entonando frases positivas, constantemente y siempre que estuviese solo. Con eso, se sanó de un mal crónico cardíaco y de úlceras estomacales. Había 40 años que no se enfermaba, ni siquiera un simple resfriado, tampoco necesitaba usar anteojos... No se había debilitado a pesar de su edad avanzada, todo lo contrario, él se sentía tan feliz y sano, que se propuso a sí mismo la meta de llegar hasta los 110 años de edad. Le contó que, al aspirar y espirar hacía declaraciones positivas, estableciendo un ritmo musical. En una cadencia, entonaba:

Yo soy el centro de la energía y poder vitales cósmicos. El ritmo del universo está en mi cuerpo y establece la salud, la juventud y la vitalidad que está dentro de mí. Mi corazón es el dínamo del poder oculto que manda la fuerza vital correr a través de todos los átomos y células de mi cerebro y de mi cuerpo, sanándome con perfección de todos los elementos discordantes.

Regresando al tema de las curas realizadas por Jesús, un otro aspecto me llama la atención: Jesús, muy a menudo, decía ser la fe de la persona el agente de la cura, como cuando le dijo a aquella mujer que apenas lo había tocado: “Tu fe te ha salvado; vete en paz, y quédate libre de este mal”. Así como también acostumbraba decir “que los pecados fueron perdonados”, como podemos ver en estos dos ejemplos de pasajes de la Biblia según Mateo:

De pronto, le llevan un paralítico tendido en una camilla. Al ver Jesús su fe, dijo al paralítico: “Confía, hijo, tus pecados te son perdonados”. (Mateo, Cp. 9, Vs. 2)

Y viéndoles la fe, les dijo Él: “Hombre, te son perdonados tus pecados”. (Esta citación es sobre el hombre que le fue llevado a Jesús por el tejado.)

En ambos casos, los paralíticos obedeciendo al comando de Jesús, se levantaron y se fueron caminando curados, generando asombro y alegría a todos los que pudieron acompañar a estos acontecimientos.

¿Por qué será que Jesús empleó en estas curas y en tantas otras (diría hasta que en la mayoría de ellas), el perdón de los pecados? Concluyo que los enfermos se encontraban en esas condiciones en virtud del proceso kármico y al parecer, que ya venían de otras vidas puesto que, muchos de los curados por Jesús ya eran ciegos de nacimiento.

Por eso es fundamental perdonar los pecados, o también podríamos decir: las fallas acumuladas de las vidas pasadas, puesto que esos pecados generan al cuerpo etéreo las enfermedades oriundas de los cuerpos emocional y mental (reflejos de otras vivencias), y hace con que más tarde, las enfermedades se manifiesten en el cuerpo físico. Al perdonar los pecados, Jesús corta esta conexión kármica, trayendo de vuelta la salud de los enfermos, pero es importante aclarar que eso todo sólo ocurre en virtud de la verdadera fe que debe haber en estas personas.

Así como escribí en mi texto: “Reiki, proceso de cura”, es fundamental que hagamos nuestro pedido con fe, pero también tiene igual importancia, que antes pidamos perdón por nuestros pecados de esta vida, y principalmente, de las vidas pasadas, que son los agentes generadores de las enfermedades y situaciones kármicas en nuestra vida actual. Podemos sumar aún más: pedir también la quema de los karmas, la transmutación de ellos a través de la energía violeta (el fuego divino), para ayudar en el restablecimiento de la salud, aunque estemos utilizando el necesario tratamiento de la medicina tradicional, auxiliado por tratamientos holísticos.

Debemos perdonarnos a nosotros mismos por nuestras fallas cometidas y romper así la dañosa sensación de remordimiento, que nos genera enfermedades en esta y también en nuestras vidas futuras. Igualmente es necesario pedirle perdón al prójimo que nos haya causado daños, perdonándolo por sus fallas cometidas contra nosotros, cortando la conexión kármica, y librándonos así de un futuro reencuentro para una probable reparación. Además, se sabe que el hecho de no practicar el perdón, afecta a los chakras, y desequilibra el flujo de energía, causándonos enfermedades en los órganos correspondientes.

Necesitamos restablecer nuestro equilibrio emocional, librarnos de las tensiones y el estrés diario que culminan en reacciones negativas para todo el organismo y que nos dañan  tanto en el aspecto físico como en el  psíquico, bajando a nuestras defensas y permitiendo el ataque de virus y bacterias, desarrollando las enfermedades, incluso las de más gravedad.

Es de gran valía recordar, que Jesús, como vimos en el Evangelio Apócrifo de María Magdalena (citado en mi artículo “Evangelios Apócrifos Según Judas, Tomás y Felipe”), enfatiza para la necesidad de mantenerse en equilibrio, evitando a los pensamientos, acciones y sentimientos negativos, (los pecados creados por el hombre), para no enfermarse. De esta forma, Él nos dijo:

“No hay pecado; sois vosotros los que os criáis, cuando hacéis cosas de la misma especie que el adulterio, que es llamado ‘pecado’ (...) “Por eso os enfermáis y morís . La materia produjo una pasión sin igual, que se originó de algo contrario a la Naturaleza Divina. A partir de ahí, todo el cuerpo se desequilibra. Esa es la razón porque os digo: tened coraje, y si estuviereis desanimados, procurad fuerza en las diferentes manifestaciones de la naturaleza. Quien tiene oídos para oír que oiga.”

En el texto citado, consta además una otra manifestación de Jesús, (que se ubica abajo de ella en forma destacada). En ella, Jesús nos alerta para nuestra esencia divina, que está presente en nuestro interior, que necesita ser rescatada y vivida a través de conductas dignas, justas, honestas y de amor, ya que es este el verdadero retorno a la casa del Padre, la que nos pertenece por derecho espiritual desde nuestra creación, cuando fuimos hechos a la imagen y semejanza de Dios. De esta forma estaremos en paz y con salud, o sea, equilibrados psicológico y emocionalmente.

Por eso Dios Padre vino para vuestro medio, para la esencia de cada especie, para conducirla a su origen.” (...) Aquél que comprende mis palabras, que las coloque en práctica.

Jesús destaca, de forma clara, lo que Él entiende por esencial, conforme se puede ver en las siguientes versiones de los apóstoles Lucas y Mateo:

Mas, ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, y de la ruda, y de todas las legumbres, y olvidáis la justicia y el amor de Dios! ¡Hay que hacer una cosa sin omitir la otra! (Lucas, Cp. 11, Vs. 42)

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino y descuidáis lo más importante de la Ley : la justicia, la misericordia y la buena fe! Es necesario hacer una cosa sin descuidar la otra.  (Mateo, Cp. 23, Vs. 23)  

Como vimos recientemente en los trechos citados de los Evangelios de Lucas y Mateo, Jesús no valorizó el diezmo tan pregonado por las religiones, porque el pagamiento del diezmo en dinero, terminó por no tener la misma importancia, si lo comparamos a otras acciones que fueron juzgadas por Él como fundamentales: la justicia, la misericordia, la fe.

En verdad Jesús, (confirmado por los trechos Bíblicos citados), cuando dijo la frase: “Pues dad al César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios”. (Lucas, 20,25), quiso decirnos para dar a César los impuestos y a Dios la evolución espiritual, por intermedio de prácticas ascendientes como por ejemplo el amor incondicional y la ampliación de la fe, pues esos actos sí, según Jesús, hacían mucha diferencia cuando practicados, y eso era lo que realmente Le importaba.

Podemos ser curados, podemos realizar todos nuestros sueños mas, para que esto se realice, es necesario que tengamos fe (una creencia plena), con pensamientos positivos a todo momento, sin excepciones. Pidiéndole también a Dios, el perdón para nuestros pecados que surgieron en consecuencia del alejamiento que hicimos de nuestra esencia divina a lo largo de las encarnaciones. Perdonándonos verdaderamente a nosotros mismos y también a nuestro prójimo y rescatando de igual forma, el equilibrio emocional y psicológico. Sobre todo el equilibrio espiritual, que es el que logramos a través de pensamientos y sentimientos pautados apenas en el amor integral.

Todo está a nuestro alcance, todo se puede realizar con el poder de la fe. Somos los hijos de Dios, todos nacimos con el mismo poder divino, con una esencia verdadera y que está guardada en nuestro interior, esperando para ser reencontrada y vivida por toda la eternidad.

Luz, fe, pensamientos y sentimientos positivos de amor y de equilibrio.

Abrazos fraternos, Moacir Sader

http://www.moacirsader.com
moacirsader@moacirsader.com

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          Fuentes de pesquisa:

1-     Biblia Sagrada, disponible en el sitio: WWW.jesusvoltará.com.br

2-     Evangelio Apócrifo Según María Magdalena

3-     Norvell, Anthony. "O poder das forças ocultas" (El poder de las fuerzas ocultas). Editora IBRASA. São Paulo. 4ª ed. 1982.

4-     Sader, Moacir. Artículo “Transformação quântica do pensamento” (Transformación cuántica del pensamiento). Disponible en el sitio: http://www.moacirsader.com

5-     Sader, Moacir. Artículo “Evangelhos Apócrifos Segundo Judas, Maria Madalena, Tomé e Felipe” (Evangelios Apócrifos Según Judas, María Magdalena, Tomás y Felipe), disponible en el sitio: http://www.moacirsader.com

6-     Sader, Moacir. Artículo “Reiki, processo de cura” (Reiki, proceso de cura), de Moacir Sader, disponible en el sitio: http://www.moacirsader.com